El mundo del ciclismo volvió a sorprenderse esta semana con una acusación inesperada y extremadamente sensible. Remco Ovenepoel, la sensación belga y flamante subcampeón del Campeonato Mundial de Ciclismo en Ruta, acusó públicamente a su compañero y rival Tadej Pogačar de usar lo que se conoce como “Motorordopage” durante la última carrera. Según Ovenepoel, se observaron irregularidades en la forma en que Pogačar lideraba durante una subida, con aceleraciones repentinas que, según él, difícilmente podían explicarse por pura fuerza física.

Onepoel declaró durante una rueda de prensa que ya había entregado las pruebas a la UCI, la Unión Ciclista Internacional, con una solicitud oficial para una verificación exhaustiva y, posiblemente, una explicación del resultado. “No se trata solo de mí ni de mis acciones”, declaró el belga. “Se trata de la integridad de nuestro deporte. Si algo está mal, hay que denunciarlo”. Sus palabras fueron una bomba, sobre todo porque las acusaciones contra el motociclista rara vez se hacen públicas y, por lo tanto, se pronuncian de inmediato.
El caso evoca inmediatamente el infame incidente de 2016 protagonizado por Feme Van Den Driessche. Posteriormente, se descubrió un motor oculto en una bicicleta durante la Copa del Mundo de Ciclocross, lo que desató la incredulidad y la indignación mundial. Desde entonces, la UCI ha implementado controles más estrictos, incluyendo escaneo de rayos X y detección magnética, para combatir las sospechas de fraude mecánico. Sin embargo, parece que el temor a nuevos casos es omnipresente, y las declaraciones de Samepoel han vuelto a aflorar este temor.

Por otro lado, Tadej Pogačar respondió a las acusaciones. La superestrella eslovena las calificó de “escandalosas e irrespetuosas” y enfatizó que sus logros son únicamente el resultado del trabajo duro, el entrenamiento y el desarrollo natural. “No tengo nada que ocultar”, declaró brevemente. “Mis victorias son puras. Esta insinuación me duele profundamente, pero espero que la verdad finalmente salga a la luz”.
El mundo del ciclismo está dividido en sus reacciones. Algunos analistas creen que Evenpoel podría haber gestionado mejor sus sospechas internamente sin desacreditar públicamente. Otros elogian su valentía al permitir que se negociara un asunto complejo, precisamente para evitar que el deporte se recuperara de un escándalo de dopaje. Mientras tanto, la UCI parece encontrarse en una posición difícil: deberá determinar con sumo cuidado si realmente ocurre algo, para proteger tanto la reputación de Pogačar como la credibilidad del ciclismo.
En cualquier caso, una cosa está clara: el incidente recuerda a los aficionados lo frágil que es la confianza en el deporte. Es más, es una apuesta que puede fortalecer o dañar esa imagen. Para Pogačar, este es un desafío que consolida su estatus como campeón del evento. Y para la UCI, este es un momento crucial para demostrar que la lucha contra el fraude en el ciclismo sigue en marcha.