DEJA DE MENEAR LAS CADERAS PARA GANAR DINERO, TE VES BARATA Ricardo Arjona heló el ambiente en el set al criticar y humillar a Shakira justo delante de las cámaras.

Todos quedaron atónitos, incapaces de creer lo que estaban escuchando; la grabación se detuvo de inmediato, pero lo que ocurrió después fue aún más intenso: una bofetada del director y una llamada internacional de la propia Shakira.
Ella leyó en tono frío una declaración legal, dejando a Ricardo completamente desconcertado y temblando de miedo.
El incidente tuvo lugar en Ciudad de México durante la grabación de un especial para Televisa sobre la evolución del pop latino. Arjona había sido invitado como “voz crítica” del género, mientras Shakira participaba vía satélite desde Barcelona para hablar de su nuevo álbum.
Cuando la presentadora preguntó a Ricardo su opinión sobre el éxito global de artistas que mezclan ritmos urbanos y bailes sensuales, el guatemalteco no midió palabras.
Mirando directamente a cámara, soltó la frase que paralizó a todo el equipo: “Deberían dejar de menear las caderas para ganar dinero, porque se ven baratas”.
El silencio fue sepulcral. La maquilladora dejó caer el polvo compacto, el sonidista se quitó los auriculares y hasta el regidor abrió la boca. Shakira, que veía todo en directo desde su estudio, permaneció inmóvil, pero sus ojos se endurecieron de inmediato.
El director del programa, Alejandro Ramos, se levantó de su silla como impulsado por un resorte. Cruzó el plató en cuatro zancadas y, sin mediar palabra, propinó una bofetada sonora a Ricardo Arjona que resonó en todo el foro.
“Aquí no se falta el respeto a nadie, mucho menos a una colega”, gritó fuera de sí.
Arjona se tocó la mejilla enrojecida, aturdido. Intentó justificarse diciendo que solo era “una opinión artística”, pero nadie le escuchaba. El equipo técnico ya había cortado la transmisión en vivo y las luces rojas de las cámaras se apagaron una tras otra.
Entonces sonó el teléfono del director. Era una llamada internacional. Ramos puso el altavoz y la voz helada de Shakira llenó el estudio: “Señor Arjona, acaba de cometer difamación pública contra mi persona. Mi equipo legal está redactando la demanda en este mismo momento”.
El cantante guatemalteco palideció. Sus manos comenzaron a temblar visiblemente mientras intentaba mantener la compostura. “Shakira, yo… solo era una crítica al mercantilismo del pop, no era personal”, balbuceó, pero su voz se quebraba.
Ella continuó sin alterarse: “Usted me llamó barata en televisión nacional. Eso tiene consecuencias legales en México, España y Estados Unidos. Recibirá la notificación en las próximas horas”. Después colgó sin despedirse.
El plató quedó en un silencio incómodo. Arjona miraba al suelo, la mejilla todavía marcada por la mano del director. Algunos técnicos comenzaron a susurrar que nunca habían visto algo igual en treinta años de televisión.
Minutos después, el community manager de Shakira publicó un comunicado en sus redes: “El respeto es la base de cualquier industria. Quien confunde crítica con insulto no merece espacio en ella”. El tuit superó los dos millones de likes en menos de una hora.
Arjona abandonó el foro escoltado por seguridad. En el estacionamiento, varios periodistas lo esperaban, pero él se cubrió el rostro con una chaqueta y subió rápido a su camioneta. Su representante canceló todas las entrevistas programadas para esa semana.
Al día siguiente, las portadas de los principales diarios mexicanos no hablaban de otra cosa. “¡Cachetada histórica en Televisa!” tituló uno. “Shakira demanda a Ricardo Arjona por insultos machistas” anunció otro. Las redes ardían con el hashtag #RespetoAShakira.
El propio Arjona intentó publicar una disculpa en Instagram, pero la borró a los pocos minutos al ver que los comentarios lo destrozaban. Horas después subió un texto más largo reconociendo que “se excedió” y pidiendo perdón “si alguien se sintió ofendido”.
Sin embargo, el daño estaba hecho. Varias radios latinas anunciaron que retirarían temporalmente sus canciones de la programación “hasta que haya una disculpa formal y sincera”. Incluso artistas como Residente y Mon Laferte expresaron públicamente su apoyo a Shakira.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro tuiteó: “Nuestras mujeres no son ‘baratas’ por bailar ni por triunfar. Orgullo de Shakira y de todas las que rompen barreras”. El mensaje fue retuiteado más de 400 mil veces.
Mientras tanto, en Barcelona, Shakira siguió con su rutina como si nada. Fue vista entrenando en el gimnasio y más tarde compartió una storie bailando con su equipo con la leyenda: “Las caderas no mienten… y tampoco se callan”.
La demanda sigue su curso. Los abogados de la colombiana piden una indemnización de varios millones de dólares por daños a la imagen y una rectificación pública en horario estelar. Arjona, por su parte, canceló los últimos conciertos de su gira “Blanco y Negro”.
El mundo de la música latina quedó dividido: unos defienden la “libertad de expresión” del guatemalteco, otros celebran que por fin alguien ponga límites al machismo disfrazado de crítica artística. Lo único claro es que nadie olvidará esa frase ni la bofetada que la siguió.