🛸 EL OBJETO INTERESTELAR 3I/ATLAS EXPLOTÓ EN EL PERIHELIO – ¡Y los científicos están impactados!

En un evento que dejó atónito al mundo científico, el objeto interestelar 3I/ATLAS alcanzó el perihelio el 29 de octubre de 2025, con una explosión espectacular.

Descubierto el 1 de julio de 2025 por el telescopio ATLAS en Chile, este tercer visitante extrasolar asombró a los astrónomos con su trayectoria hiperbólica y su composición única.

Científicos del Instituto SETI y la NASA han estado monitoreando 3I/ATLAS durante meses, observando su alta excentricidad, mayor que la de ‘Oumuamua y Borisov.

A medida que se acercaba al Sol, el objeto comenzó a mostrar signos de actividad cometaria, expulsando gas y polvo a un ritmo creciente, pero nada lo preparó para la explosión en su punto más cercano.

Las imágenes captadas por el Telescopio Espacial James Webb el 8 de agosto de 2025 revelaron una pérdida de masa de tan solo 150 kilogramos por segundo.

Sin embargo, cerca del perihelio, esta tasa se disparó a 2 millones de kilogramos por segundo, un aumento drástico que indicó una fragmentación catastrófica.

El astrofísico de Harvard Avi Loeb analizó los datos y concluyó que 3I/ATLAS debió fragmentarse en al menos 16 fragmentos para explicar el aumento de 16 veces en su superficie. «Estamos viendo fuegos artificiales por la explosión», escribió Loeb en una publicación de Medium.

Observaciones post-perihelio realizadas el 9 de noviembre de 2025 por telescopios británicos revelaron una “anticola” que se extendía 995.000 kilómetros hacia el Sol y una cola de humo de 2,99 millones de kilómetros de longitud.

Estos chorros masivos sugieren una absorción de energía solar equivalente a una esfera de 23 kilómetros de diámetro.

La composición de 3I/ATLAS, rica en dióxido de carbono y monóxido de carbono en hielo, lo hacía vulnerable al calor solar. A 1,36 UA del Sol, entre las órbitas de la Tierra y Marte, absorbió 700 julios por metro cuadrado por segundo, lo que desencadenó una violenta sublimación.

Los astrónomos están conmocionados porque este comportamiento desafía los modelos cometarios tradicionales. Los cometas interestelares deberían comportarse de forma diferente a los solares, pero esta explosión implica una estructura interna frágil o quizás artificial, lo que alimenta la especulación de Loeb sobre el origen tecnológico extraterrestre.

El telescopio espacial Hubble capturó imágenes el 21 de julio de 2025, mostrando un núcleo helado en forma de lágrima con una capa de polvo. A 445 millones de kilómetros de la Tierra, parecía estable, pero su aproximación a Marte el 3 de octubre aceleró su activación.

Mientras 3I/ATLAS se encontraba en conjunción solar el 21 de octubre, invisible desde la Tierra, las sondas PUNCH proporcionaron datos valiosos. Su paso cercano a Venus el 8 de noviembre permitió realizar observaciones de la misión Juice de la ESA, que revelaron desviaciones de la trayectoria puramente gravitacional.

Ahora, a medida que el objeto se aleja, será visible antes del amanecer de noviembre de 2025 en las regiones ecuatoriales. Su brillo se ha reducido a una magnitud de 12-13, lo que requiere telescopios de 200-300 mm para su observación, pero los fragmentos podrían crear un espectáculo visual único.

Los científicos esperan con impaciencia su aproximación más cercana a la Tierra el 19 de diciembre de 2025 y a Júpiter en marzo de 2026. Los datos del Hubble y el Webb podrían confirmar la fragmentación, ofreciendo información sobre los materiales interestelares y la química de los cometas extrasolares.

Esta explosión plantea interrogantes sobre por qué 3I/ATLAS perdió tanta masa. Loeb calcula que, para producir los chorros observados, el objeto debió tener una masa inicial de 33 000 millones de toneladas, que se redujo drásticamente por el calor solar.

Los críticos de la NASA acusan a la agencia de retener imágenes, pero fuentes oficiales prometen su publicación inminente. El Laboratorio de Investigación Física de la India realizó una espectrometría desde el telescopio de Monte Abu a mediados de noviembre, confirmando la presencia de compuestos volátiles.

El debate sobre 3I/ATLAS refleja el entusiasmo que rodea a los objetos interestelares. Tras ‘Oumuamua, sospechoso de ser una sonda extraterrestre, y el cometario Borisov, este tercer visitante desafía nuestras suposiciones sobre el cosmos cercano.

Expertos como la Dra. Elaine Howard Ecklund enfatizan cómo estos eventos ponen a prueba la diversidad de la formación planetaria. La trayectoria hiperbólica garantiza que 3I/ATLAS no regresará, lo que hace que cada observación sea valiosa.

Las redes sociales se llenaron de #3IAtlasExplosion, y los videos de YouTube acumularon millones de visualizaciones. Un canal describió el evento como “cambiante” en el perihelio, asombrando a los astrónomos por su imprevisibilidad.

Para la investigación, los restos de 3I/ATLAS podrían revelar compuestos orgánicos o isótopos raros, lo que arrojaría luz sobre la química interestelar. De confirmarse, la explosión podría explicar anomalías en otros objetos, mejorando así los modelos de evolución cometaria.

Loeb, conocido por sus audaces teorías, sugiere que la explosión podría ser una prueba de fuego para distinguir el origen natural del artificial. Si los fragmentos muestran uniformidad, las implicaciones para la investigación SETI serían profundas.

A medida que se acerca diciembre, telescopios aficionados y profesionales escrutan el horizonte. La aproximación a Júpiter podría alterar aún más los fragmentos, abriendo un nuevo capítulo en esta saga cósmica.

Este evento pone de relieve la fragilidad de los objetos interestelares en nuestro Sistema Solar. El Sol, un gigante benévolo, puede convertirse en un destructor para visitantes distantes, recordándonos nuestra precaria posición en el universo.

Los científicos están impactados no sólo por el espectáculo, sino por lo que revela sobre nuestro vecindario galáctico. 3I/ATLAS, incluso en sus fragmentos, lleva mensajes de estrellas distantes, instándonos a mirar más allá.

En una era de telescopios avanzados, descubrimientos como este aceleran la ciencia. La comunidad astronómica se mantiene unida en la expectativa, con la esperanza de que los próximos datos resuelvan el misterio de esta explosión estelar.

A medida que 3I/ATLAS se desvanece en el cielo, deja un legado de asombro y preguntas. ¿Fue una despedida explosiva de un mensajero cósmico o el comienzo de mayores revelaciones? Solo el tiempo y los telescopios lo dirán.

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