Tadej Pogačar, campeón del Tour de Francia, sorprendió al mundo con un gesto de humildad y generosidad. Sin hacer publicidad ni buscar reconocimiento, compró todas las tiendas y bicicletas antiguas en A si kolesar?, el lugar donde recibió su primera bicicleta.
Su objetivo no era lucrarse, sino devolver a la comunidad algo que cambió su vida desde niño.
En lugar de mantenerlas como colecciones privadas o venderlas, Pogačar decidió convertir estas tiendas en un centro de apoyo para niños. Allí, jóvenes apasionados por el ciclismo pueden aprender gratuitamente, acceder a bicicletas, ropa de competición y equipo especializado.
La idea es que puedan entrenar y sentir la experiencia de un ciclista profesional desde temprana edad.
El proyecto se llevó a cabo con absoluta discreción. Pogačar se negó a aparecer en la inauguración y tampoco permitió que su nombre o imagen fueran exhibidos. Solo un pequeño letrero de madera en la entrada indicaba: “Solo devuelvo a este lugar lo que me dio”.
Este gesto refleja la humildad del campeón y su deseo de poner al ciclismo y la educación por encima de la fama.
El centro funciona con instructores voluntarios y mecánicos especializados. Los niños reciben capacitación en técnicas de ciclismo, mantenimiento de bicicletas y preparación física. Además, se les enseña seguridad en la carretera y estrategias de entrenamiento, acercándolos a un nivel profesional.
La iniciativa combina formación, recreación y valores, fomentando la disciplina y el respeto por el deporte.

Pogačar siempre ha enfatizado que su pasión comenzó en A si kolesar?. Allí aprendió los primeros movimientos, equilibró su bicicleta y descubrió el amor por la competición. Por eso, devolver el lugar a la comunidad tenía un significado especial.
No se trataba solo de donar objetos, sino de abrir oportunidades para que otros niños vivieran lo que él experimentó de pequeño.
La repercusión de esta acción, aunque silenciosa, comenzó a difundirse gracias a los medios locales y a los testimonios de los primeros niños beneficiados. Historias de jóvenes que recibieron su primera bicicleta profesional, su equipamiento y clases gratuitas comenzaron a circular, inspirando a otras ciudades a considerar iniciativas similares.
El centro no solo provee bicicletas, sino que fomenta la igualdad de oportunidades. Niños de diferentes contextos socioeconómicos pueden acceder al mismo nivel de equipo y enseñanza.
Esto elimina barreras y permite que el talento y la pasión sean los factores principales, no los recursos económicos de las familias, fortaleciendo la inclusión en el ciclismo juvenil.
En las primeras semanas de apertura, los niños mostraron entusiasmo y gratitud. Muchos nunca habían tenido acceso a bicicletas de calidad o ropa de competición profesional. Ahora, entrenan en un ambiente seguro, reciben orientación de instructores calificados y desarrollan habilidades que podrían llevarlos a competir a nivel regional o nacional.
Además de las clases prácticas, el centro ofrece talleres educativos sobre nutrición, psicología deportiva y estrategias de carrera. Pogačar quiso que los niños comprendieran que el éxito en el ciclismo no depende solo de la bicicleta, sino de un conjunto de habilidades físicas, mentales y tácticas.
Esto prepara a los jóvenes para enfrentar retos tanto dentro como fuera de la pista.
Los instructores también fomentan el trabajo en equipo y la camaradería. Los niños aprenden a respetar reglas, apoyar a sus compañeros y competir con deportividad.
La filosofía del centro refleja la visión de Pogačar: formar no solo ciclistas habilidosos, sino también personas integrales que entiendan los valores del esfuerzo, la perseverancia y la humildad.
La iniciativa se mantiene gracias a donaciones discretas y voluntarios que creen en la misión de devolver a la comunidad lo que el deporte les ha dado.
Pogačar no busca publicidad ni reconocimiento; su meta es que el centro funcione como un lugar de crecimiento y aprendizaje para generaciones futuras, replicando su propia experiencia de superación y pasión por el ciclismo.
Los niños que participan ya muestran resultados prometedores. Algunos han ganado pequeñas competencias locales, otros han mejorado notablemente su técnica y condición física.
Más allá de los resultados, la mayor victoria es la motivación y la confianza que han ganado al sentirse apoyados y valorados en un entorno seguro y profesional.

Los vecinos del lugar también han expresado admiración y gratitud por el proyecto. El centro ha revitalizado la comunidad, creando un espacio de encuentro y aprendizaje.
Familias que antes no tenían acceso a actividades deportivas de calidad ahora pueden enviar a sus hijos a un lugar seguro y educativo, fomentando la cohesión social a través del deporte.
El ejemplo de Pogačar ha inspirado a otros deportistas a considerar iniciativas similares. La idea de devolver a la comunidad lo que uno recibió resuena con valores de solidaridad, generosidad y responsabilidad social.
Muchos ven en su gesto un modelo de cómo los atletas pueden impactar positivamente sin buscar publicidad ni reconocimiento personal.
Los medios internacionales comenzaron a cubrir la historia, destacando la humildad y discreción de Pogačar. Aunque no buscó fama, su acción se convirtió en un ejemplo de liderazgo fuera de la pista.
Su enfoque demuestra que el verdadero impacto de un campeón no solo se mide por títulos, sino por la influencia positiva que deja en futuras generaciones.
El centro también ofrece programas de mentoría. Ciclistas jóvenes pueden recibir orientación personalizada de instructores y voluntarios con experiencia. Esto permite que cada niño desarrolle su propio ritmo, aprenda a superar desafíos y reciba apoyo emocional y técnico.
La combinación de enseñanza práctica y mentoría personal fortalece la formación integral de los participantes.

Pogačar, según relatos de los organizadores, se mantiene al tanto del centro discretamente. Aunque no aparece en eventos ni fotos, supervisa el progreso de los niños a través de informes de instructores.
Esta cercanía silenciosa asegura que la misión del proyecto se mantenga fiel a su visión original: ofrecer oportunidades genuinas sin poner su fama como foco principal.
El letrero en la entrada, sencillo y discreto, resume la filosofía del proyecto: “Solo devuelvo a este lugar lo que me dio”. No se trata de publicidad ni de reconocimiento, sino de un acto de gratitud y retribución.
Este mensaje ha inspirado a los niños a valorar lo que reciben y a compartir sus conocimientos y recursos con otros, generando un efecto multiplicador en la comunidad.
Los expertos en desarrollo deportivo juvenil destacan la importancia de este tipo de proyectos. Facilitar acceso a equipamiento profesional, formación técnica y un entorno seguro fomenta la motivación, la disciplina y la autoestima de los niños.
Además, promueve hábitos saludables y fomenta la pasión por el deporte desde temprana edad, aspectos esenciales para el desarrollo integral.
El impacto social del centro va más allá del ciclismo. Niños que participan aprenden responsabilidad, trabajo en equipo y valores éticos. Estas lecciones los acompañarán toda la vida, fortaleciendo su carácter y preparándolos para enfrentar desafíos en cualquier ámbito.
La iniciativa de Pogačar se convierte así en un ejemplo de educación a través del deporte.

A medida que el proyecto crece, más niños se benefician de la formación y las oportunidades que ofrece. Se planean actividades extracurriculares, campamentos y competencias internas, todas diseñadas para mejorar habilidades y fomentar el amor por el ciclismo.
La continuidad del proyecto garantiza que las futuras generaciones tengan un punto de partida sólido para desarrollarse deportiva y personalmente.
El legado de Pogačar se consolida como un modelo de responsabilidad social y altruismo. Su gesto demuestra que los campeones pueden influir positivamente en la vida de otros, sin necesidad de exposición mediática.
La historia inspira a atletas y aficionados a valorar la gratitud y la importancia de retribuir a las comunidades que los apoyaron en su camino hacia el éxito.
En resumen, la transformación silenciosa de A si kolesar? por Tadej Pogačar combina generosidad, educación y deporte. Los niños tienen acceso a bicicletas, ropa profesional y formación integral.
Todo esto sin publicidad ni reconocimiento público, reflejando la filosofía del campeón: devolver a la comunidad lo que le dio su primer impulso hacia la grandeza.